Una entidad financiera está a punto de cerrar una operación de crédito. El cliente ya fue aprobado y solo falta firmar los documentos.
Por seguridad, la empresa exige que la identidad del deudor se valide únicamente con biometría facial. Pero el cliente no quiere entregar sus datos biométricos y pregunta si puede usar otro mecanismo. La empresa no tiene una alternativa. El proceso se frena y el negocio se pierde.
Este caso muestra un problema cada vez más común: verificar la identidad es necesario, pero depender de un solo mecanismo puede cerrar la puerta a operaciones que sí podrían hacerse de forma segura.
La Superintendencia de Industria y Comercio ha recordado que los datos biométricos son datos sensibles. Esto significa que deben tratarse con especial cuidado y que una empresa no puede obligar a una persona a entregar este tipo de información como única forma de acceder a un bien o servicio, cuando existen otros mecanismos razonables para cumplir la misma finalidad.
Esto no quiere decir que la biometría no sirva. Claro que sirve. Puede ser muy útil para:
- Prevenir fraudes.
- Fortalecer procesos de vinculación.
- Reducir riesgos de suplantación.
Pero no debería ser la única opción en todos los casos. La clave está en tener procesos flexibles, proporcionales y bien soportados.
En operaciones importantes, lo realmente valioso es contar con evidencia: saber quién firmó, cómo firmó, cuándo firmó, desde dónde lo hizo, qué validaciones se realizaron y sobre qué documento específico dio su aceptación.
Con SIGNIO, las empresas pueden estructurar procesos de firma con distintos niveles de seguridad, según el tipo de documento y el riesgo de la operación. Esto permite combinar:
- Mecanismos de validación y autenticación.
- Trazabilidad del proceso.
- Certificado de evidencia.
- Integridad del documento firmado.
Este punto será todavía más importante con la Ley 2573 de 2026, conocida como la ley de suplantación de identidad. Esta norma fortalece las reglas para proteger a las personas frente a obligaciones o reportes negativos generados por suplantación. En la práctica, si alguien afirma que no firmó o que fue suplantado, la empresa necesitará demostrar cómo ocurrió todo el proceso.
Por eso, ya no basta con decir: “el documento está firmado”. La empresa debe poder explicar y probar quién participó, qué datos se validaron, qué aceptación se obtuvo y qué evidencia quedó registrada.
SIGNIO ayuda precisamente a eso: a que cada documento firmado tenga respaldo, trazabilidad y evidencia suficiente para proteger la operación, sin depender de un único mecanismo de verificación y sin perder de vista el cumplimiento legal.
La firma electrónica no solo debe facilitar el cierre de un negocio. También debe ayudar a defenderlo.
Descubre como SIGNIO permite firmar con respaldo probatorio.